En tiempos no muy lejanos, una joven distinguida entre todas las nobles damas de Irlanda por su insigne belleza, viajó a Roma para visitar la capital que había inspirado a numerosos artistas; ipso facto la noble dama cayó en la red de la flor del Mediterráneo, cuya algarabía y esplendor latino la convertían en una joya más rara que única. Tal fue el enamoramiento que donna Checcha, como así la llamaban en Trastevere, contrajo matrimonio con un príncipe de la familia Ruspoli, una relación proficua que concluía con un feliz himeneo entre título nobiliario y riqueza.
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Por entonces, la Segunda Guerra Mundial causaba estragos en la población y el tardo gobierno de Mussolini ejercía una dura represión contra los enemigos de la dictadura. La ilusión de donna Checca se desvaneció cuando recibió un mandato en el que se le prohibía abandonar su residencia, actual Liceo Cervantes, dado su origen irlandés y sospechas de posible interacción de tipo político con el exterior. Todas las noches, la noble dama saludaba a su única hija, Francesca, y se ataviaba con lujosas prendas y cuatro gotas de Fragonard. Al caer el sol descendía por la escalera de caracol envuelta en su chal rojo, atravesaba el jardín de parte a parte y se escapaba por la puerta trasera para evitar a las autoridades de servicio. Después se disponía para pasar unas horas en Trastevere, donde la aguardaban sus amigos. Si alguien fue testigo de sus evasiones, no se tomó la molestia de declararlo. Cabe resaltar que donna Checca, reputada una mujer valiente, contaba con la discreción de sus criados. Un día como cualquier otro, la noble dama atravesó el pasillo de la primera planta, tropezó con el chal rojo y se golpeó la cabeza. Pocas horas más tarde el techo se derrumbó a causa del mal estado del palacio, que más tarde fue reestructurado. Los amigos trasteverinos de la princesa intuyeron la desgracia tres días después del deceso; cuando finalmente avisaron a las autoridades, éstas entraron y localizaron el cuerpo, pero faltaba el chal rojo. Narra el señor Giuseppe Barbieri que cuando él comenzó a trabajar para la embajada en 1968 el agujero todavía ocupaba gran parte del techo, concretamente donde hoy se hallan las aulas de Infantil. Cuenta la leyenda que el fantasma de donna Checca vaga por las aulas del Liceo y sus susurros se pueden escuchar, si tenéis un buen oído, desde las escaleras del zulo. Dos viandantes que paseaban por el bosque Parrasio hace diez años alegaron haber visto en una de las ventanas del actual Liceo una figura femenina que vestía un chal rojo. Realizando una investigación acerca del fantasma de donna Checca, sorprende comprobar la ignorancia que caracteriza las respuestas de alumnos y profesores, e incluso varias versiones erróneas del mito. He aquí la crónica del suceso y una modesta advertencia: ¡Permaneced alerta y quizás veáis al fantasma de donna Checca!
El Liceo agradece la colaboración prestada por Giuseppe Barbiere y Pina Blasimme para la elaboración de este artículo.


